La Anciana habla:

Soy de la luna, vengo directamente de ella; es más, soy la luna en la tierra. Soy cíclica. Es hermoso, pero como todo lo hermoso, también tiene su lado temible, esa parte oscura que no te deja ver más allá de La resplandeciente luz. El ciclo se repite, tiene un patrón. Cuatro fases. La bella esa ardiente fogoza y lozana, la afrodita; la conciliadora amorosa y amable la madre; la bruja partera, la del caldero la vidente introspectiva, finalizando con la anciana marchita sabia y de energias lentas, la hermitaña sombía. Ciclamos en esos estados de ánimo. Bueno, ciclo. Pero a veces como hoy, en estado anciana me canso. Me canso de tocar tanto fondo, me canso de una mente tan vidente que hace de la fase sombría algo muy agudo... mentalmente cansador. Son las fases de mayor crecimiento, a mi gusto y dada mi experiencia en estos últimos años, viviendo mi verdadera yo, re-conociendome como mujer con tiempos diferentes, intentando compatibilizar, calzar y no morir en esto.
Hoy desde la anciana siento que es tan dificil ser mujer en un mundo hecho para hombres, tener que elegir reir en vez de la furia cuando el patriarcado toma forma a mi alrededor. Cuando yo misma me vuelvo patriarcado, ahí es cuando tengo que ceder antes de pensar en que: quizás este no es la era para mi. Sentirme derrotada, sin salida. Y me pregunto ¿por que no puedo ser feliz a pesar del abismo?,  como veo en muchas, grandes luchadoras y mujeres fuertes que sacan voz a lo grande... yo tambien quiero ser ellas... pero no puedo. Siento que estoy perpetuamente cansada, por los siglos de los siglos. Amén.
Y luego recuerdo que quizás el egoísmo es espejo de este cansancio para poder autocuidarme... ¿a ese momento he llegado?
Claro, estoy tan vulnerable que la sobre reacción de yo-yo es inevitable como método de autodefensa.
No lo se.
Solo sé que estoy harta de llegar a la ultima fase así de fatigada psicoemocionalmente, harta de sufrirte así cada vez que me vuelvo lenta, superada de recordar que aun me dueles. Que siempre me doldrás. Harta de solo escribir en modo ermitaña sombría. Enmierdada de haber creido y haberme permitido que me calaras tan hondo, harta de haber creído en el amor, así, tan ingenuamente. Haber pensado que me amabas y que nos amabamos por lo perpetuo. Que eramos compañeros. Que tontera mas falsa.
Estoy tan vulnerable, tan dolida, tan en el centro de la nada, que creo que solo me queda sentarme en este infinito espacio blanco y cerrar los ojos, y así, contemplar(me) mis emociones, sentires y pesares.

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